viernes, 30 de diciembre de 2011







Había una mala mujer que murió sin dejar a su espalda la menor sombra de virtud. El demonio se apoderó de ella y la arrojó al lago de fuego. Su ángel guardián se devanaba los sesos para recordar alguna buena obra de la condenada y poder referírsela a Dios. Al fin, se
acordó de una y le dijo al Señor: «Arrancó una cebolla de su campo para dársela a un
mendigo.» Dios le contestó. «Toma esta cebolla y tiéndesela a la mujer del lago para
que se aferre a ella. Si consigues sacarla, irá al paraíso; si la cebolla se rompe, la pecadora se quedará donde está.» El ángel corrió hacia el lago y le tendió la cebolla a la mujer. « Toma -le dijo-. Cógete fuerte.» Empezó a tirar con cuidado y pronto estuvo la mujer casi fuera. Los demás pecadores, al ver que sacaban a la mujer del lago, se aferraron a ella para aprovecharse de su suerte. Pero la mujer, en su maldad, empezó a darles puntapiés. «Es a mi a quien sacan y no a vosotros; la cebolla es mía y no vuestra.»
En este momento, el tallo de la cebolla se rompió y la mujer volvió a caer en el ardiente
lago, donde está todavía. El ángel se marchó llorando...


Fragmento de "Los hermanos Karamázov" de Dostoyevski