martes, 10 de julio de 2007

No me mueve mi Dios




No me mueve, mi Dios, para quererte


el cielo que me tienes prometido;


ni me mueve el infierno tan temido


para dejar por eso de ofenderte
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte


clavado en esa cruz y escarnecido;


mueve el ver tu cuerpo tan herido;


muévenme tus afrentas y tu muerte.





Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera


que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,


y, aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;


pues, aunque lo que espero no esperara,


lo mismo que te quiero te quisiera.




Anónimo